viernes, 28 de diciembre de 2012

Lo que el proceso de cambio se llevó

Expertos y analistas creen que cualquier otro partido con semejante acumulación de poder y legitimidad como la que ha logrado el MAS, hubiese hecho exactamente lo mismo, es decir, ejecutar un plan de control político, utilizar a la justicia para perseguir a los enemigos y copar toda la estructura republicana con el fin de hacer andar su proyecto partidario, poner en marcha su plan económico y finalmente, marcar por las buenas o por las malas la ideología dominante en todo el territorio nacional.

La única diferencia con todos los modelos autoritarios del pasado, que han abundado y mucho en Bolivia, es que por primera vez se pone en marcha una estrategia política-represiva con fines netamente lucrativos y se abandonan “los grandes postulados”, los fines supremos que supuestamente justifican tales métodos (“medios”, diría Nicolás Maquiavelo).

En un reciente comentario periodístico, el analista Carlos Toranzo afirma que el MAS ha perdido todos los valores que hicieron creíble el discurso del cambio y que lo llevaron al poder en el 2006 y asegura que “los ‘neoliberales’ han quedado chicos frente al Estado masista que se funda en la corrupción”. El economista afirma que el narcotráfico, la tolerancia hacia el contrabando generalizado y la indiferencia frente al crecimiento de las plantaciones de coca son expresiones que le han dado una nueva identidad al oficialismo y que han desdibujado por completo el rostro humanista, ambientalista e indigenista que tuvo en un principio.

A este cuadro que pinta Toranzo habría que agregarle la pérdida del rumbo económico que supuestamente estaba llamado a cambiar la historia rentista y dependiente de Bolivia, por un modelo fundamentado en la industrialización de los recursos naturales. Con cinco veces más fondos que en el pasado, el Gobierno está cometiendo los mismos pecados de siempre, es decir, recurrir a la repartija, malgastar la renta minera y petrolera, incurrir en gastos estrafalarios, invertir en política y postergar tal vez para siempre la posibilidad de dar el paso a la competitividad por la vía de la productividad y la diversificación. Con el estatismo secante que todos conocen y con el que se ha convivido durante casi dos siglos, sin nada por qué pelear, porque todas las fuerzas económicas y la burguesía incipiente de Bolivia han sido plenamente controladas, ¿a qué otro asunto se iban a dedicar los esbirros del régimen si no es a lucrar con su poder que en este momento no sirve más que para eso?

En el plano ideológico el MAS también se ha quedado sin horizontes. Del socialismo apenas queda la represión y el combate al pluralismo; nadie medianamente serio podría trazar el modelo político que sigue el régimen, cuya constitución ha sido arrojada al tacho de la basura y con él el indigenismo, el concepto de lo Plurinacional, el comunitarismo y toda esa parafernalia que fue usada en el principio y que hoy es un cántaro hueco del que asoman escándalos y rituales circenses.

El Estado Integral del que tanto se habló ha quedado reducido a una banda delincuencial. Del indigenismo apenas quedan los sahumerios y las declaraciones desopilantes del canciller; de la gestión, los bonos y las canchitas de fútbol y de la economía, el Jesús en la boca para que no se frene la bonanza de precios internacionales que le da sustento al régimen.