miércoles, 4 de mayo de 2011

Era eso



Si  bien es cierto que nadie esperaba que Evo Morales pronuncie loas a
Chile, tampoco era previsible que el jefazo suba tanto el volumen del
discurso antichileno, tomando en cuenta que una parte del Gobierno
sigue confiando que las relaciones pueden transitar por las dos vías,
es decir, el juicio y el diálogo al mismo tiempo. Todos creíamos que
el viraje boliviano respecto a Chile era simplemente la respuesta a la
baja popularidad presidencial y a su evidente debilidad política y
desde otro punto de vista, al gran descubrimiento del Primer
Mandatario de que la diplomacia chilena le estaba tomando el pelo con
la famosa agenda de los trece puntos. La semana pasada, sin embargo,
el presidente Morales dio a conocer el verdadero origen de su
inusitado rencor hacia el país vecino. El líder boliviano dijo
sentirse traicionado por el Gobierno chileno por el caso del General
René Sanabria, investigado durante meses por la policía de Chile y por
la DEA, sin conseguir ni la más mínima sospecha de sus colegas
bolivianos. Esta investigación “a escondidas” ha generado un sinfín de
conjeturas sobre la supuesta relación con narcotráfico del Gobierno de
Morales.