viernes, 20 de mayo de 2011

La desintegración de la Policía


Ciro Farfán ha sido destituido de la comandancia de la Policía Boliviana luego de un estruendoso caso de corrupción. Apenas estuvo en el cargo dos meses y ocho días. Farfán asumió ese cargo en medio de otro escándalo que tuvo como epicentro al general  René Sanabria. En esos días comenzaron a granear los hechos de policías y oficiales envueltos en bandas delincuenciales y el presidente Morales le encargó al nuevo jefe limpiar la institución en un plazo de 90 días. Farfán no sólo incumplió con la tarea encomendada, sino que prohibió a sus subordinados hablar de corrupción policial. La orden no impidió, sin embargo, que se filtre el dato sobre una camioneta con la placa falsificada de propiedad del uniformado.

Todos los cambios y nombramientos policiales efectuados durante la gestión de Evo Morales han estado rodeados de polémica. Ciro Farfán recibió en premio ese cargo por la salvaje represión que condujo en la localidad de Caranavi, donde fueron ejecutados dos dirigentes campesinos que protestaban contra el Gobierno. Nadie que sabe que su puesto está basado en la docilidad, la connivencia y la lealtad al régimen político, tomará en serio una responsabilidad institucional de luchar contra la corrupción. Y la prueba es que Farfán no sólo se metió en el lodo confiado en la impunidad, sino que la podredumbre parece haberse incrementado en su corta gestión, tal como lo demuestra la existencia de una red delincuencial de clonación de placas de automóviles enquistada en Diprove.

¿Quién sustituye a Farfán? Se llama Jorge Santiesteban, el oficial que condujo la matanza del hotel Las Américas el 16 de abril de 2009 y que actuó subordinado a agentes civiles del Gobierno del MAS, que usaron a la Policía para ejecutar un macabro plan de criminalización de la dirigencia cívica y empresarial de Santa Cruz. ¿Qué moral puede tener el régimen de Evo Morales para exigirle rectitud y apego a las leyes al nuevo comandante? ¿Con qué autoridad puede el flamante jefe exigirle limpieza a los policías y oficiales a su cargo? Es obvio que dentro de la institución puede estar anidando el malestar por esta burda manipulación de los ascensos y las designaciones y por otro lado, un sentimiento de que el camino correcto es la sumisión absoluta al “proceso de cambio” y en función de eso, aprovechar lo mejor posible las ventajas de la militancia. Ese fue el razonamiento que llevó al general Sanabria a convertirse en narcotraficante y seguramente hoy seguiría enviando contenedores con droga a Chile, de no haber sido por la DEA que se le cruzó en el camino.

Mientras que la imagen de la Policía Boliviana se desintegra en este mar de corrupción, el régimen de Evo Morales se cuida las espaldas, pese a que es precisamente el responsable de esa descomposición. Aprovechándose de esta coyuntura, el Gobierno ha decidido quitarle a la Policía la responsabilidad en el otorgamiento de cédulas de identidad y licencias de conducir, lo que podría incrementar el malestar y la división dentro de la entidad. La medida, que está dirigida lógicamente a incrementar la manipulación de los registros electorales, es absolutamente irreflexiva y obviamente, muy lejos de la supuesta lucha contra la corrupción que tanto predica el Estado Plurinacional.

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