domingo, 8 de mayo de 2011

Recuperar la dignidad

Se han cumplido tres años de la aprobación de los estatutos
autonómicos del departamento de Santa Cruz y algunos se atreven a
afirmar que seguimos avanzando. Para ellos, avanzar significa lanzar
argumentos insulsos y leyes intrascendentes que no cambian ni un ápice
la catastrófica realidad del centralismo boliviano, que maneja más del
80 por ciento de los recursos de este país, mientras que el resto lo
administran nueve gobernaciones, 337 municipios y nueve universidades
estatales.
Para qué vamos a hablar de autonomía en este momento, si todas las
élites siguen agazapadas, amedrentadas por un estado central que hará
todo lo que sea necesario para seguir agarrando el sartén por el
mango, como lo ha hecho en 186 años de historia. Los mismos
gobernantes de ahora fueron los que llevaron al país a una guerra
interna para apropiarse de la mamadera estatal; invadieron cuatro
veces Santa Cruz para aplacar los clamores por descentralización y son
los que hoy tienen a todos con las voces embargadas, enjuiciados y
amenazados, justamente para que la autonomía quede en agua de
borrajas.
Cómo defender la autonomía, si el Estado central les ha dado la orden
expresa a las élites cruceñas de no hacer política y muchos la están
acatando a pie juntillas. No defienden el proceso autonómico como
tampoco reclaman por la persecución de los líderes, el encarcelamiento
de autoridades y empresarios regionales; no reclaman por la invasión
de los parques y reservas forestales, atestados de cocaleros que están
destruyendo el patrimonio productivo nacional; no hablan por las
decenas de propiedades que son invadidas todos los días; tampoco lo
hacen por los abusos que se cometen contra las empresas y contra la
gente que produce legalmente; ya nadie alza la voz por los que están
exiliados, huyendo de la burda manipulación de las leyes y la justicia
que hace este régimen autoritario.
De qué nos puede servir la autonomía, si todos los días el estado
centralista le quita recursos a la gobernación y a los municipios;
diseña leyes como la referida a la educación que busca la aymarización
del Pantanal y la Chiquitania; nombra un gran comendador de las
fronteras con carta blanca para decidir sobre recursos naturales,
tierras y concesiones; establece el funcionamiento de oficinas
paralelas del INRA donde se coordinan invasiones a tierras productivas
y parques regionales y por último, continúa poniendo en marcha planes
de desestabilización de autoridades regionales legalmente electas,
como sucede estos días en el Beni. Reclamar por la autonomía en estas
circunstancias sería una extravagancia, cuando nadie está abriendo su
boca por hechos muy graves  y que comprometen radicalmente el futuro
de las regiones.
Santa Cruz tendrá que recuperar su dignidad y sobre todo su espíritu
de lucha antes de hablar nuevamente de autonomía. El proceso
autonómico ha sido la causa más importante de esta región, que
consiguió extender su visión y su ímpetu democrático hacia todo el
país. Lamentablemente, la falta de vocación política de sus líderes y
la ausencia de interés por buscar la hegemonía en un país que carece
de un horizonte de sostenibilidad, permitieron que los sectores menos
productivos de Bolivia, los que desprecian la democracia y que están
llevándonos a todos a un nuevo fracaso, sean los que tomen las grandes
decisiones nacionales y los que refuercen el sendero fallido por el
que ha caminado el país a lo largo de su historia.