domingo, 15 de mayo de 2011

Se degrada la vida en Bolivia


A la democracia que se practica hoy en Bolivia le han dicho "payasa" y al presidente Morales lo han acusado de tener la cabeza llena de boberías. El primero fue Mario Vargas Llosa y el segundo calificativo pertenece al intelectual cubano Carlos Alberto Montaner, quien afirmó hace unos meses que el Mandatario boliviano "odia la modernidad y que tal vez quiera regresar a los tiempos del trueque, a un pasado idílico en el que se revitalicen los valores precolombinos".

Qué podrían decir esos dos intelectuales sobre la degradación que está sufriendo la democracia en Bolivia, reducida a un burdo enfrentamiento de contenido racial, más o menos parecido al que llevó a los ruandeses a discutir sobre el ancho de la nariz de los hutus y los tutsis, aspecto fundamental que determinaba derechos y privilegios ciudadanos y que derivó en uno de los peores genocidios de la historia de la humanidad. A este paso, muy pronto la ciudadanía boliviana "plurinacional", tendrá que dilucidarse en laboratorios de bioquímica, mediante estudios de ADN que ayuden a establecer si tal o cual persona pertenece o no a una etnia o si se trata del exponente de una hibridación aceptada por la nomenclatura racial del régimen, como sucede con la polémica raza "yuracaré-mojeña". Será lo mismo que ocurre con la crianza de ganado y habrá entonces que apelar a las mismas prácticas; es decir, medir la circunferencia del escroto, la alzada, las dimensiones del cuadril, etc. No habría de qué extrañarse, la historia está llena de ejemplos como éstos y Ruanda está a la vuelta de la esquina.

El otro espejo en el que podría mirarse la regresión de la democracia boliviana está en Cuba, un país que convirtió a la persecución política en la principal actividad "revolucionaria" que le ha permitido al régimen sobrevivir durante más de medio siglo, pese a mantener a la población al borde de la inanición. El sistema encabezado por los hermanos Castro consagró cinco décadas a dictar miles de leyes y decretos destinados a criminalizar a la gente y cuando este estado de "hiperlegislación" se agotó por empacho, crearon la famosa figura penal llamada "pre-delictiva" que le permite a los jueces del partido, encarcelar a un individuo que es "potencialmente" peligroso para el esquema. Por cada cubano hay otro que se dedica a vigilarlo y obviamente a ese ritmo han convertido a la isla en un "Estado-cárcel", donde impera el miedo y la desconfianza.

El Gobierno de Evo Morales no sólo busca degradar la vida de los bolivianos, reducirlos a meras categorías raciales, inducirlos a enfrentamientos fratricidas y convertirlos en parias, sin derecho a opinar ni a disentir y por lo tanto, obligados a callar, huir del país o sufrir la cárcel. Su más reciente intensión es conducir a las urnas a la ciudadanía como si se tratara de una masa de borregos, sin posibilidades de elegir y, por lo tanto, sin la forma de ejercer el más elemental de sus derechos democráticos.

En el peor de sus momentos, el régimen del MAS activa sus métodos más inescrupulosos, pone en marcha todo su aparato represivo y se dispone a dar el paso más degradante que puede sufrir una democracia: la tiranía.