miércoles, 18 de mayo de 2011

La procesión va por dentro


La agenda pública que impone el Gobierno del Estado Plurinacional  de Bolivia dista mucho de los verdaderos problemas que enfrenta el país y de las amenazas que se yerguen sobre los bolivianos en el corto plazo. El ímpetu con el que el régimen de Evo Morales ha encarado el tema marítimo, con la finalidad de exacerbar los ánimos de la población en contra de Chile y el recrudecimiento de la persecución política, que vuelve a incorporar el componente de las confrontaciones regionales alimentadas por el factor del racismo, no alcanzarán sin embargo, para disimular los nubarrones que se avecinan en el campo económico, un ámbito que definitivamente se le ha escapado de las manos a los conductores del proceso de cambio.

Las luces de alerta parpadean todos los días y cada vez con mayor intensidad y los responsables de la economía nacional apenas atinan al disimulo. El ministro de Economía, Luis Arce Catacora, acaba de inventarle nuevas ventajas a la inflación y según afirma, este fenómeno es generalizado en América Latina (¿mal de muchos...?), una falacia fácilmente demostrable. La mayoría de las economías tiene bajo control el incremento de los precios, con excepción precisamente de los países integrantes del ALBA, especialmente Venezuela y Bolivia, donde la inflación alimentaria ha sido del 5,9 por ciento el último trimestre, casi cuatro puntos por encima del promedio regional,  que manifiesta una tendencia a la baja. La falta de inversiones y la caída de la producción agropecuaria, que obliga a aumentar la importación de comida no ayudan a presagiar un cambio positivo y en todo caso, el nivel inflacionario en el rubro alimenticio podría superar este año el 18,5 por ciento del 2010.

La inflación alimentaria es la peor de todas porque afecta a los más pobres y lo que ocurre en el país, no sólo derriba el mito propalado por el ministro Arce de que Bolivia sufre los ataques de una supuesta “inflación importada”, sino que refleja también el hecho de que el proceso de cambio está acentuando la tendencia hacia el empobrecimiento de las franjas más desfavorecidas de la población.

Lo que sucede con la inflación, por culpa de las políticas erradas que han desincentivado la producción, tiene un correlato natural en el crecimiento y otra vez, el desempeño de Bolivia en este aspecto será inferior al promedio de la región, donde países como Brasil, Argentina, Paraguay y Perú, son los mejores exponentes de la recuperación económica luego de la crisis de 2008. La economía boliviana en cambio, manifiesta un rezago que comparte otra vez con los regímenes populistas de la ALBA, donde el empleo, las exportaciones y la actividad productiva en general siguen en picada.

Pero aquí viene lo peor. Según las tendencias mundiales, las materias primas de las que depende el 50 por ciento de la economía boliviana (gas y minería) y el 90 por ciento de los ingresos por exportaciones, podrían enfrentar un impacto de precios bajos, luego de un prolongado periodo de alzas constantes. El Fondo Monetario Internacional ha recomendado a los países de economía primaria (Bolivia no industrializa ni un solo gramo de mineral y ni una sola molécula de gas) prepararse para una época de vacas flacas, con el recorte del gasto público, el mantenimiento de una política monetaria restrictiva y el ahorro de los ingresos extraordinarios para el futuro. ¿Qué puede hacer un país que cada día depende más de las importaciones de comida, gasolina, gas licuado y diesel, porque cada vez produce menos?