viernes, 13 de mayo de 2011

Vale todo


Ha proliferado en algunos países un tipo de lucha en el que es lícito el uso de casi cualquier tipo de golpe para derribar al rival. Patadas, codazos, rodillazos. Se llama “Vale todo”, pero aun así, esta grotesca arte marcial tiene sus reglas básicas. No se puede morder ni pinchar con los dedos los ojos del contendiente. El presidente Morales, que se jacta de ser un gran deportista, estaría en problemas ya que él no acepta ningún tipo de límites y así lo demostró a todo el mundo cuando le aplicó un tremendo rodillazo a un defensor en un partido de fútbol. El árbitro, que entendió muy bien el mensaje, expulsó al agredido en lugar de amonestar al jefe, quien reiteradamente afirma que para él no valen las leyes cuando están de por medio la política y las decisiones, que según él, le ayudan a “avanzar”.

 No se puede entender de otra forma al régimen del MAS, que pese a su probada inoperancia para atender los verdaderos problemas del país, continúa en su desquiciada carrera por acaparar el poder en todo el territorio nacional. La escandalosa manera con la que pretende convocar a elecciones de autoridades en el Órgano Judicial y el atropello que comete en la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz son los ejemplos más claros del cumplimiento del paradigma que domina al “proceso de cambio”.

El régimen vende como “revolucionario” un proceso electoral en el que la gente acudirá a las urnas a votar con los ojos vendados, por candidatos designados por el oficialismo y de acuerdo a reglas absurdas que violan el derecho a la información de la ciudadanía. Se trata de consolidar el más vergonzoso acto de “democracia borreguil” inventada por el Estado Plurinacional comparable a negras etapas de la historia en las que existía el “voto calificado” y la prohibición del sufragio a determinadas franjas de la sociedad.

El caso de la Asamblea Legislativa cruceña raya en lo oprobioso. Se trata del único ámbito departamental que le queda por tomar al oficialismo y que para conseguirlo, llegó al extremo de inventarse una nueva etnia en el país, una suerte tribu híbrida, denominada “yucacaré-mojeña”, sin lengua ni territorio y que gracias al contubernio del Poder Judicial, ha sido usada para desplazar a un genuino representante indígena que cometió el “delito” de ser opositor al MAS. Ahora resulta que la persona que dice ser de la etnia “yucararé-mojeña”, que según afirma el Gobierno, pertenece al departamento de Santa Cruz, ni siquiera es nacida en la jurisdicción cruceña y tampoco representa a una comunidad nativa de la región, tal como lo demuestran recientes documentos que prueban más bien, su origen cochabambino. Mientras tanto, las autoridades nacionales llevan adelante un agresivo plan de amedrentamiento que incluye el encarcelamiento del presidente de la Asamblea y la amenaza de otros 12 representantes. El gobernador Rubén Costas ha denunciado que el verdadero objetivo es derrocarlo como se hizo con su colega tarijeño Mario Cossío, refugiado en Paraguay.

La gran pregunta es si las circunstancias sociales y económicas del país llevarán en algún momento al Gobierno a aflojar el torniquete totalitario. En realidad no ha dejado de ajustarlo y tal vez aplique más fuerza a medida que el bosque de problemas se le vaya poniendo más denso. Los machetazos para abrirse camino serán más enérgicos e indiscriminados y la ciudadanía necesita saber si los líderes de una resistencia –que debería existir por supuesto-, están a la altura de esta lucha o, de lo contrario, seguirán escudándose en las poses y los discursos trillados.

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