jueves, 14 de junio de 2012

Buenos alumnos

Hace unos días, Gary Rodríguez me puso la pelota en el punto del penal con un brillante artículo sobre la educación, a la que él considera “la clave del éxito”. El querido amigo Gary le hizo homenaje a un brillante maestro que le ayudó mucho en su carrera profesional, apuntando de esa forma a la gran necesidad que hay en Bolivia de contar con educadores bien preparados y con una enorme vocación de servicio.

Yo creo que, apartando a los profesores que se dejan comprar por un cordero para hacer pasar de curso a sus estudiantes, que deben ser muy pocos, los maestros buenos sobran en Bolivia. Y la vocación sobreabunda, no solo porque los docentes ganan moneditas, sino porque las condiciones de trabajo son realmente lamentables, amén del terrible estigma de revoltosos que deben cargar, por culpa de gobernantes que siempre se han beneficiado de la falta de educación del pueblo. Lo lamentable es que ahora se enorgullecen de la ignorancia y lo dicen a voz en cuello.

Yo creo que más que maestros, necesitamos estudiantes y, sobre todo, chicos, jóvenes y padres que estén convencidos de que la educación es el único medio para salir de la pobreza. Mientras que mi padre, y seguramente el de Gary, me decía una y otra vez que para que yo estudie él era capaz de robar o quedarse sin comer, en el campo por ejemplo y en muchas familias bolivianas, los chicos suelen sacrificar la educación ante cualquier adversidad. En estos tiempos, aprender se ha vuelto muy fácil y accesible. El desafío, como decía Piaget, es despertar el apetito por el conocimiento y meterles el chip a los jóvenes de que esa es la única manera de progresar y no pidiendo bonos y bloqueando caminos. Cuando hay alumno, el profesor aparece de donde sea.

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