miércoles, 27 de junio de 2012

Llevando se aprende

Hace exactamente tres años fue depuesto el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, a través de mecanismos tan legítimos como polémicos, tal como ha sucedido en Paraguay. Aquella vez, más de uno se apresuró a tomar partido y condenar el brusco cambio presidencial, de la misma manera que ha ocurrido recientemente con la nación guaraní. Los países integrantes del ALBA, de Unasur y otros bloques alzaron el grito al cielo, pese a que la decisión de sacar a Zelaya gozaba del respaldo popular, había sostenimiento legal y sobre todo, se hizo después de alcanzar un gran consenso institucional. Igualito que en Paraguay. Esa vez, hubo algunos ilustres comedidos, como Brasil y la Organización de los Estados Americanos (OEA) que no dudaron en intervenir en el asunto. Brasil le concedió asilo durante más de cuatro meses a Zelaya en su embajada en Tegucigalpa y el organismo internacional decidió expulsar a Honduras. Ambos no solo se equivocaron sino que resultaron seriamente dañados en su credibilidad, pues estaban estrellándose contra una decisión originada en la soberanía del pueblo. Pese a que la OEA decidió llamar a una reunión extraordinaria para tocar el tema de Paraguay, esta vez ha adelantado que no va a intervenir. En el caso de Brasil, sus autoridades han pedido por favor no adelantar ningún juicio ni postura oficial. Menos mal que aprendieron.