martes, 4 de octubre de 2011

El gran dilema

El Gobierno no sabe qué método usar. Deshojar una margarita, tal vez lanzar una moneda al aire o poner todo en manos de uno de esos monitos que usan los adivinos de feria de pueblo. ¿Postergar o no las elecciones judiciales del 16 de octubre? ¿Conviene o no? ¿Favorece o perjudica? El grave error político cometido el pasado 25 de septiembre en Yucumo ha generado una grave incertidumbre en el Ejecutivo, que de por sí tenía muchas dudas sobre los comicios, que en realidad no son más que una forma de plebiscitar la gestión del presidente Morales. El temor es que ese experimento, que ya fue calificado como un mal cálculo por el jefazo, salga tan mal que ayude a ahondar aún más la crisis que empezó con el gasolinazo, siguió con la pateadura y puede terminar en un desastre electoral de proporciones. Si el oficialismo decidiera “patear el tarro” para adelante para evitar la catástrofe, estaría admitiendo el rotundo fracaso de ese invento mal hecho que ha sido la elección de jueces por voto directo. Se salvará de una elección, aunque muchos aseguran que votación habrá tarde o temprano, ya sea en forma de revocatorio o para buscar a otro que se ocupe del barco.

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