miércoles, 23 de noviembre de 2011

Juegos peligrosos

El vicepresidente García Linera lloriqueaba el otro día en Sucre por unos supuestos mensajes de textos anónimos cargados de odio que le llegan todos los días a su teléfono celular, pero no dice nada sobre toda esa inmensa carga de resentimiento, divisionismo y desprecio que siembran las autoridades nacionales entre los habitantes de este país que vuelve a aproximarse al abismo.

“Tanto va el cántaro al agua...” y el Gobierno debe saber que está jugando con fuego cuando alegremente estimula conflictos regionales de altísimo riesgo, con el fin de desviar la atención sobre problemas concretos que no atiende, no soluciona y, al parecer, no le interesan.

El presidente Morales en persona se ha dado a la tarea de azuzar a los cocaleros, a los colonos y a otros grupos de indígenas y campesinos para que se enfrenten con los pueblos de las tierras bajas que dignamente han hecho respetar el parque Isiboro-Sécure. Se ha confirmado que el Gobierno mandó a aprobar una ley sólo para desmovilizar la marcha indígena, pero en ningún momento tuvo la intención de ceder. Su insistencia con la carretera por medio del Tipnis está llegando a límites irracionales; la provocación a la que apela raya en lo criminal, extremos que pueden desencadenar conflictos de consecuencias indeseables para el conjunto del país.

Tarijeños contra chuquisaqueños; orureños contra potosinos; indígenas contra colonos; enfrentamientos en Yapacaní; el Gobierno que pretende atacar también la imagen de los guaraníes. Son todos conflictos que de alguna u otra manera han sido estimulados por el oficialismo, ya sea por obra de acciones  políticas malsanas o por actos de omisión. Los cuatro departamentos que están enfrentados por problemas de límites o por la renta petrolera, están en manos de gobernadores masistas. Ni el Gobierno central ni las autoridades regionales han sido capaces de articular el diálogo, buscar la manera de generar entendimiento y todo parece estar encaminado hacia una solución por el desastre. Da la impresión de que eso es lo que está buscando el régimen de Evo Morales, alguien que se ha declarado un experto en marchas y bloqueos y que parece sentirse más cómodo en un país, cuyo caos esconde perfectamente la pobreza, el hambre, el narcotráfico, la corrupción y todos los males estructurales que arrastramos desde el nacimiento de la república.

Durante la “guerra de la Constituyente”, el Gobierno fue advertido hasta el cansancio de que estaba construyendo un monstruo ingobernable llamado “Estado Plurinacional”, que ahora está comenzando a dar sus coletazos, con la amenaza de engullirse al propio autor del adefesio. El mamotreto de normas y figuras legales que superponen derechos, que generan conflictos de intereses entre los distintos actores sociales del país, conducirán indefectiblemente a la desintegración de este conglomerado llamado Bolivia, si es que antes no se decide frenar esta locura.

Con sus bromas pesadas y sus caprichos infantiles, el presidente Morales no parece darse cuenta de lo que está provocando. Para él, esa epopeya que se construyó con la marcha por el Tipnis, mediante la cual, quedó perfectamente expresada la voluntad del pueblo boliviano de convivir pacíficamente y en unidad es algo que no vale nada y prefiere hurgar el avispero.

Los indígenas del oriente boliviano, quienes se han ganado el respeto y la credibilidad del pleno de la ciudadanía, han declarado al primer mandatario como su principal “enemigo”. Eso ha quedado claro hace mucho tiempo. Lo grave es que Evo Morales parece ser el principal contrario de la unidad nacional.
 

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